La integración de pueblos originarios con el turismo, una tarea que lleva años y ahora cuenta con un proyecto ideado por los recientes egresados de la carrera de la UTN.

Todo comenzó hace un año aproximadamente, tiene una vida corta, pero sin dudas un largo futuro.

Estamos hablando de un proyecto encarado por los docentes y alumnos de la promoción 2010 de la carrera de Licenciatura en Gestión de Empresas Turísticas de la UTN.

La idea primigenia era trabajar sobre la base del camino inca en Mendoza y movilizar la temática a partir de las aseveraciones de los antropólogos que sostienen que en nuestras montañas hay tela para cortar.

Estudiantes y educadores sabían a priori la importancia de este tema, que también está siendo tratado por la Unesco (ver aparte).

Una vez que las tareas pertinentes a la investigación y al análisis de campo se iniciaron, surgió un imprevisto: aparecieron los huarpes, y la historia que hoy les contamos tomó otro rumbo. Uno del que se enorgullecen todos los que son parte.

Raigambre mendocina

“Queremos comunicar un logro”, esas palabras utiliza Lía Lamamy, directora de las carreras de Turismo y Hotelería de la casa de estudios de la calle Rodríguez.

Concretamente se refiere a todos los hallazgos que los alumnos, hoy egresados, hicieron en el marco de ese trabajo final que, según ella, no es uno cualquiera.

Resulta que cuando los jóvenes empezaron a indagar sobre la temática, viajaron al desierto de Lavalle.

Después de pasar unos días con las comunidades de la zona, en el fogón de despedida, se miraron las caras con la luz del fuego, y el cuento fue otro.

Sin negar la relevancia del camino inca, decidieron que se abocarían a los huarpes.

Desde entonces el proyecto consiste en el diseño de una ruta turística dinámica, que permita conservar, revalorizar y desarrollar sosteniblemente los atractivos históricos, culturales y naturales relacionados con las comunidades aborígenes del norte de la provincia de Mendoza, haciendo hincapié en la historia de los pueblos originarios, la colonización y el paisaje como instrumento de integración holística.

Lo que no es usual

Utilizando el lenguaje académico, los autores dicen que su meta se concretará mediante la optimización de la planta base, es decir, un correcto mantenimiento y uso de los recursos, como así también la realización de inversiones acordes y sustentables, tratando así de aprovechar la infraestructura ya existente.

Hasta acá todo muy bonito, pero lo mejor es lo que viene ahora.

Durante el tiempo que los estudiantes hacían entrevistas y recorrían los lugares, se ganaron el respeto de los habitantes de esa zona.

Fue en ese lapso de entusiasta trabajo cuando los unos y los otros se dieron cuenta que el turismo puede incluir a la cultura local y justamente de eso se trata ese proyecto. “Realmente sentí que lo que tantas veces dicen los libros se plasmaba en ese caso”, cerciora la directora de carrera.

Esta iniciativa de poner en valor a los pueblos originarios a través de circuitos turísticos implicó un enriquecimiento mutuo.

No obstante siempre queda claro que son ellos, los verdaderos dueños de los lugares y la cultura, los que ponen las reglas y los que deciden qué se muestra y qué no.

De esta manera no serán los de afuera los que impongan la formas de hacer las cosas.

“A nivel personal, creo que el proyecto fue muy enriquecedor para cada uno de los que lo llevamos a cabo, aprendimos mucho a través del desarrollo del mismo y sobre todas las cosas, descubrimos innumerables riquezas históricas, culturales, arqueológicas, entre otras, con las que cuenta la provincia de Mendoza, a las cuales lamentablemente no se les da el valor que realmente merecen”, asegura Ana Paula Verens, una de las egresadas a cargo.

Mirar al futuro

En ese sitio inhóspito, que la mayoría de los alumnos de la UTN no conocía, descubrieron que hay una escuela secundaria con orientación en Turismo (la San José).

Los chicos se movilizaron tanto con la realidad de los jóvenes lavallinos que les gestionaron un viaje de estudios para que vinieran a conocer la ciudad y para que fueran a la montaña. Algunos nunca habían salido del desierto.

El abanderado de ese colegio actualmente está becado y estudia Turismo en la UTN. Los docentes están orgullosos de eso, porque saben que este chico está viendo que el turismo puede ser una herramienta para subsistir en su comunidad.

Pero saben también que el desafío es retenerlo, tarea poco sencilla por las diferencias culturales.

Una óptica diferente

Ha pasado muy poco tiempo desde que se terminaron los trabajos y se tecleó el punto final del proyecto (los alumnos egresaron en diciembre).

No obstante se trata de algo viable, pero desde una óptica diferente, según Lamamy. La académica está convencida de que a partir de esto van a surgir muchas cosas interesantes, concretamente algún negocio turístico.

Pero hasta que no se disponga de la infraestructura necesaria, sólo pueden encararse excursiones por el día.

Los productos turísticos se tienen que renovar, explica. Y este puede ser una nueva veta. Eso sí, no se trata de algo masivo, lo sustentable nunca lo es.

Posiblemente los primeros pasos se den a la manera de pymes que ofrezcan algún servicio, aunque no sería raro que alguna cadena hotelera internacional fijara sus ojos en el desierto para brindar alojamiento, sin que sea algo invasivo.

 

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